martes, 27 de octubre de 2009

Proemio (para quien decida descansar en mis letras).

Quiero compartir contigo algo especial.

Cierra los ojos.

Imagina que no hay nada a tu alrededor, que estás en pleno Universo gozando de su grandiosidad. Jamás creíste que pudiera haber tantas estrellas... Grandes, chiquitas, brillantes, tímidas, pausadas, fugaces,... El espectáculo es sobrecogedor.

Como si estuvieras acostumbrado a hacerlo, desciendes de forma lenta y acompasada hasta una esponjosa nube. Sabes que ahí estarás seguro, y que uno de los trece Arco Iris que surcan el cielo en ese momento te servirá de tobogán hacia tierra firme.

Decides tumbarte en el suelo, sobre una inmensa alfombra de nomeolvides que te acogen entre sus pétalos de brillantes matices. Huele a hierba fresca, a domingo por la mañana, a tranquilidad.

Hay un árbol cerca de ti. El tronco es rojizo y leñoso, las ramas esbeltas y las flores pequeñas, nacáreas, delicadas. Da la impresión de que se podrían romper si soplaras; sin embargo, el viento las mece, y puedes oírlas: chocan entre ellas con un sonido similar a los brindis de las fiestas, y cuando alguna se desprende, se escucha su esencia. Hay risas en el interior de cada flor.

Te hace sentir bien estar en ese lugar, la felicidad que se respira es contagiosa, y te sientes tan dichoso que piensas que serías capaz de todo...

Serías capaz de volar.

Una de las flores se posa sobre tu frente y concede tu deseo, dotándote de las alas dignas de un ángel como tú.

Y levantas el vuelo, elevándote hacia un cielo de colores imposibles, creados por la paleta de un artista de magistral ingenio.

Te sientes el Rey del Mundo...

Por un momento piensas “lástima que sólo sea una ilusión...”

Llegó el momento de confesarte algo: no es fantasía, existe en realidad.

Ese es el lugar donde el Amor estableció su reino, acabó con el Tiempo y vetó la entrada al Miedo y al Dolor. Es el lugar al que me llevas cada día con tus palabras, con tus sonrisas, con tus caricias, con tus besos. Y, ¿sabes?, a veces, cuando sonríen las estrellas y los gatos se olvidan de maullar, ese maravilloso lugar se puede ver a través de tus ojos azabaches...

A mí sólo me resta besar tu frente, desearte un feliz vuelo por mi fantasía de letras y agradecerte que hayas inventado ese mundo para mí.




® Raquel Contreras

1 comentario:

  1. Inventas mundos que giran sobre uno de tus dedos, un mundo para cada uno de quienes te leemos y que, como una burbuja de luminoso cristal, te permite vernos y sentirnos... feliz de pasar por tu casa, mi pequeña.... y gracias por este minuto de paz que tanta falta me hacía!

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